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Cada felino es un mundo, pero generalmente son animales muy controladores a los que no les suelen gustar los cambios. No a todos les afecta de la misma forma un mismo cambio, pero a menudo cuando algo falla no es de extrañar que entren en un estado de estrés.

El estrés felino es la respuesta emocional a un estímulo negativo que si no desaparece  puede llegar a afectar la salud de nuestro gato de forma muy seria. Ahora bien, ¿cómo podemos saber si lo que le está pasando a nuestro gato es que tiene estrés, y no cualquier otro problema?

Vamos a mencionar las Señales más habituales de que tu gato tiene estrés:

  • Orina o hace deposiciones fuera de su caja de arena, o en lugares donde antes no lo hacía. Cuando esto sucede, tu gato está tratando de decirte algo.
  • Diarrea o problemas digestivos. Si la situación persiste en el tiempo y no puedes asociarlo a un cambio de dieta, no dudes en ponerte en contacto con el veterinario para descartar otras causas.
  • Se está limpiando o lamiendo de forma incontrolada
  • Rascado excesivo. Recuerda cepillarlo de forma frecuente y vigilar que no tiene problemas de alergias o parásitos.
  • Le gusta esconderse y aislarse más de lo que lo hacía antes
  • Maúlla o hace sonidos vocales de forma más frecuente que antes
  • Cambios en su apetito, especialmente si no has cambiado su tipo de comida
  • Cambios en el sueño, especialmente si se pasa el día durmiendo y con pocas ganas de jugar
  • Se muestra más agresivo con otros animales o con las personas.

La solución más sencilla, a priori, es eliminar el cambio o el factor externo que le está produciendo estrés. A veces puede ser sencillo (puede deberse a un cambio de dieta, de horarios, o de elementos muy sutiles, ya sabes lo sensibles que son los gatos), pero si se trata de una mudanza o un nuevo miembro en la familia, por ejemplo, sabemos que eso es imposible. Si tu gato tarda en adaptarse a la nueva situación, no dudes en contactar con un especialista. Es importante recordar que cuando un gato tiene un comportamiento anormal, no lo hace para fastidiarnos, sino porque algo está alterando su vida y no es capaz de gestionarlo adecuadamente.