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Seguro que te has preguntado más de una vez por qué los perros tienen esa costumbre, que a nosotros nos resulta tan desagradable, de olisquear cada esquina y cada farola. Cualquiera que haya pasado tiempo con un perro sabe que olfatear orina es uno de sus pasatiempos favoritos. Pero, ¿por qué lo hacen?

La respuesta rápida sería decir que lo hacen porque es una forma de comunicarse con otros individuos de su especie. Pero es interesante conocer cómo lo hacen, y qué tipo de información son capaces de transmitir y recibir.

Para empezar, debemos tener en en cuenta que los perros tienen 200 millones de receptores olfativos, frente a los 5 millones que tenemos los humanos. Además, los nervios que proceden del olfato se extienden durante unos 100 cm2 en el cuerpo de los perros (dependiendo del tamaño), mientras que en nuestro cuerpo se extiende tan solo en unos 10 cm2.

La información disponible en la orina canina es asombrosa. Con un buen repaso ofativo, los perros pueden obtener información sobre el sexo, el estado reproductivo, la dieta y el nivel de estrés de los perros que han estado allí antes. Alucinante, ¿no?

Así, olfatear orina se convierte en un vehículo para obtener información, y si va acompañado de un marcado de la zona con la propia orina, cumple varios objetivos:

  • saber cuántos perros hay por la zona
  • comunicar su presencia y marcar territorios,
  • enmascarar el olor de otros perros,
  • detectar a las hembras que probablemente sean receptivas a la reproducción
  • competir con otros individuos

Con esta información, no es de extrañar que nuestros amigos caninos encuentren la orina tan atractiva. 

Aún se está investigando este complicado comportamiento, y cuáles son los datos que el perro es capaz de sacar de esta información, incluyendo si hay un componente de satisfacción para el animal en esta actividad, pero seguro que a partir de ahora seremos un poco más condescendientes cuando nuestro perro quiera pararse en cada farola para echar una olfateada.