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No es raro encontrar a un perro y un gato que sean buenos amigos y compartan no solo espacios, sino juegos y mimos. Ahora bien, que un perro y un gato se lleven bien desde el principio depende de varios factores, y no siempre es sencillo.

Quizá los dos factores más importantes sean el grado de socialización que tengan ambos animales, y el modo en que entran en contacto el uno con el otro. Respecto al grado de socialización, se trata de un trabajo previo y continuado en el tiempo. Ya hemos comentado en alguna ocasión la importancia de que los animales entren en contacto con otros animales y otros humanos de todas las edades en su etapa de maduración y socialización.

En este post hablaremos del mejor modo para presentar a ambos animales, ya que no es algo que debamos dejar a la improvisación. ¡Te anticipamos que probablemente necesites una buena dosis de tiempo y paciencia para que todo salga bien!

  1. Mantenlos separados pero cerca para que se acostumbren al olor del otro. Tanto si es el gato quien estaba ya en la casa, como si es el perro, siempre que sea posible, lo ideal es mantener a los dos animales en habitaciones separadas pero contuguas, para que puedan olisquearse por debajo de la puerta. Una buena idea puede ser cambiarles las mantitas, para que cada uno se acostumbre al olor del otro. Dependiendo de las posibilidades y de la sociabilidad de los animales, esta etapa podría durar desde un par de días a toda una semana.
  2. Prepara a los animales para su presentación. Lo ideal es que el perro haya dado un buen paseo y esté cansado, y que ambos animales hayan comido recientemente, para que estén satisfechos y relajados.
  3. Deja que se conozcan sin que se toquen. El perro debería estar con la correa puesta, y el gato en un lugar más elevado, por ejemplo encima de una mesa. Deja que se tomen su tiempo sin acercarse demasiado, tira de la correa con un firme NO si es necesario, y permanece atento al lenguaje corporal del gato. Después de unos minutos, vuelve a colocarlos en habitaciones separadas y repite el ejercicio todos los días, aumentado el tiempo de exposición, y si los ves tranquilos, disminuyendo la distancia entre ellos. No tengas prisa.
  4. Una vez que se sientan cómodos, puedes dejarles sueltos en la misma habitación, pero eso sí, los primeros días deberían estar supervisados, no los dejes juntos cuando no haya nadie en casa.
  5. Recuerda que cada uno debe seguir conservando su propio espacio: su zona de comer y de descanso. Es importante que el gato no invada la zona del perro (esto suele suceder), y que el arenero del gato se encuentre en un lugar tranquilo y alejado de donde pueda sentirse intimidado por el perro, para que no acabe teniendo problemas digestivos. Además, también es una buena idea ubicar el plato de comida en un lugar elevado al que el perro no pueda acceder, ya que los gatos tienden a dosificarse su comida mientras que un perro tiende a comer todo lo que haya a su alcance.

Obviamente, estas pautas son orientativas, y deben ser flexibles en función de cada individuo. Es impredecible la reacción de un gato y un perro sin conocerles, ya que cada gato y cada perro tienen una manera diferente de relacionarse, pero lo que sí está comprobado es que los perros y los gatos pueden divertirse juntos y llevarse de maravilla, y que cuando no es necesario que este conocimiento mutuo sea mientras son cachorros para que funcione bien.